En recuerdo de Raimundo Lanas, “El ruiseñor navarro”
25 de Julio de 2008 por Domingo Buesa
Entre los documentos que conservan los descendientes de Raimundo Lanas hay diez folios, mecanografiados, que contienen una biografía escrita y firmada por su viuda, Carmen Bravo.
Mientras los zaragozanos celebramos el segundo centenario de los Sitios, coincidiendo con la Expo, este año 2008, Navarra conmemora, como merece, el primer siglo del nacimiento de uno de sus preclaros hijos: Raimundo Lanas; y el de la muerte de otro insigne navarro: Pablo Sarasate, de quien tendremos tiempo de tratar, pues el último día de la Expo, en la Sala Mozart, tendrá lugar el concierto homenaje de Navarra a la Ciudad de Zaragoza.
Por eso el sábado, día 26, coincidirán en el escenario de la plaza del Pilar, a las ocho y media de la tarde, los grupos de jotas de Murillo el Fruto, su localidad natal, y de Fuendejalón, donde falleció.
El 23 de enero de 1908 venía al mundo en Murillo el Fruto del tercer hijo de Pascual Lanas y Evarista Muru a quien, con el tiempo, bautizarían en Zaragoza como “El Ruiseñor Navarro”. En Carcastillo aprendió el oficio de herrador, yendo después a Villafranca, Milagro y Tudela. Por aquellos tiempos el joven Raimundo, ya aquejado desde niño por la poliomielitis, cantaba tangos, siendo sus preferidos “Mamita” y “La cieguita”. Pero en la herrería también cantaba jotas…
Ya en Pamplona se presentó en el Orfeón, donde don Remigio Múgica vio en su garganta un auténtico prodigio, y recibió la ayuda inestimable de “Los Amigos del Arte”. Pero no le gustaba eso de cantar en un coro. Allí conoció al que sería su mejor amigo: Miguel Cenoz, nacido en Villaba y con residencia en Barcelona, donde trabajaba como cobrador de autobuses. Esto propició que Raimundo le acompañase muchas veces a Lérida y a otros puntos de Cataluña. Por donde iba cantaba; bueno, cantaban, porque ambos hacían excelentes dúos.
Cuando visitó por primera vez las casas discográficas “La Voz de su Amo” y “Parlophon” poco caso le hicieron, aunque él dio como referencia su paso por el Orfeón Pamplonés. Pocos días después volvió, y ya habían recibido las referencias del señor Múgica; pero eso de grabar un disco un desconocido… Sólo la cera ya costaba trescientas pesetas. Pero lo grabó con “El Tercio” e “Y voy por la carretera”, por una cara, y “Los Monegros” y “La Hiedra”, por otra. Él mismo compró los tres primeros ejemplares del disco que regaló a Radio Barcelona, a la emisora de Pamplona y a Radio Zaragoza. Este último lo envió por un camionero, amigo suyo.
Al poco tiempo, cuando el amigo volvió a Barcelona, le dijo que en Zaragoza no paraban de poner su disco en la radio y que todo el mundo cantaba sus jotas. Ni corto ni perezoso el pequeño, de estatura, Raimundo, se vino a Zaragoza y se fue derecho a la EAJ 101. Al principio no le hicieron mucho caso, pero cuando apareció un locutor lo pasó a una salita y le pidió que cantara.
Aquello fue la revolución. Había que localizar una rondalla; o, por lo menos una guitarra y una bandurria. Dos horas tardaron en anunciar a bombo y platillo que iba a cantar, en directo, Raimundo lanas, “el del disco”. Pronto se acercó a los estudios don Elías Aventín, empresario del Iris Park quien le ofreció un contrato para diez actuaciones entre el 4 de agosto y el 31 de octubre de ese año, que era 1934. Va a hacer de eso setenta y un años…
Fue el 4 de agosto de 1934 cuando Raimundo Lanas cantó por primera vez en tan importante escenario. Al día siguiente, el “Heraldo de Aragón” le llamó, por primera vez, “El Ruiseñor Navarro”, como siempre, desde entonces, se conoció y se conoce a Raimundo Lanas. Estas palabras no tienen por objeto hacer una biografía del gran Raimundo Lanas, a quien, como es sabido, le sorprendió la muerte en la localidad zaragozana de Fuendejalón el último día del año 1939.
Pero no se puede dejar en el tintero la admiración que el jotero sintió toda su vida por otro navarro inolvidable: Julián Gayarre. Herreros ambos en sus comienzos; cantores del Orfeón, después; ambos pasearon el nombre de Navarra y su arte por donde fueron, incluso, allende los mares.
Por eso, no se puede terminar sin recordar dos coplas de “El Ruiseñor”, en recuerdo del cantor de Roncal. Aquellas que dicen:
“Yunque y martillo forjaronla voz de Julián Gayarre.
Por eso ha quedado un eco
que no hay una voz que apague”. “La jota navarra tiene
algo misterioso y grande,
desde que fue la oración
con que rezaba Gayarre”. Quede aquí, así, el recuerdo de Murillo el Fruto, de Fuendejalón y de Zaragoza, a Raimundo Lanas, “EL RUISEÑOR NAVARRO”.
Publicado en El Cronista al día



26 de Julio de 2008 a las 9:58 am
Eso hay que hacer, recordar a las eminencias. He oído esas jotas y están magníficas, a pasar de haber sido grabadas hace la friolera de 74 años.
Si nosotros hiciésemos lo mismo…
7 de Agosto de 2008 a las 6:58 pm
Soy valenciano pero mis pdres son navarros. yo oia cantar a mi padre jotas de Raimundo Lanas. Soy un gran admirador sullo y siempre tego tres CD el el coche que muchas veces los pongo para oirlo y cantar con el (entre “)Mis padre murieron, pero a mí me dejaron un gran recuerdo del Ruiseñor Navarro Raimundo Lanas
13 de Agosto de 2008 a las 1:24 pm
Soy la bisnieta de Raimundo Lanas y me alegro de que os gusten sus jotas