Llegando al ecuador de la Expo
30 de Julio de 2008 por Domingo Buesa
La Expo se ha contagiado esta semana de la alegría andaluza. Se nota en las plazas y en las calles del recinto, y también en las riberas, donde se escuchan cada noche las guitarras flamencas y donde estos días el Ebro habla con acento sevillano. Y es bueno que, en el ecuador de esta exposición internacional, Andalucía nos infunda un poco de ánimo para que el ritmo de las visitas siga creciendo. Quizás así, entre rebujito y rebujito, se nos olvide también el bochornoso hecho de que el 25 aniversario de la muerte de Buñuel haya pasado de largo en la Expo, sin que nadie haya querido recordar al gran maestro calandino.
No tuvimos cañonazo y tampoco hemos tenido a Buñuel, pero afortunadamente, sí tenemos hoy, en el Pabellón de Zaragoza, a otros maestros de la fotografía, a Félix y Dani. Son los fotógrafos oficiales del Ayuntamiento y hoy presentan su libro “El manuscrito retornado a Zaragoza”, en el que nos ofrecen 250 instantáneas (algunas ponen los pelos de punta por su belleza) con las que hacen un recorrido visual por esta bella ciudad y de las que podrán disfrutar todos los amantes de la fotografía. Félix Bernad y Daniel Marcos nos hacen sentirnos más zaragozanos, razón por la cual merecen nuestro afecto.
Publicado en El Cronista al día



31 de Julio de 2008 a las 8:28 am
Nada, que los que mandan en la Expo no tienen ganas de recordar cosas ni a personas importantes. Ni a mí, siquiera, me quieren recordar…
Y mira que di guerra pos estas tierras (y más concretamente en Ranillas) hace 200 años…
De todos modos, las cosas han cambiado. Sastre gana el Tour y Nadal, el Roland Garros. Esto ya no es lo que era…
Dentro de nada, el lunes, hará 200 años que mis “chicos” recibieron un buen varapalo. Y cuando nos queramos dar cuenta, el 14 de agosto, rememoraremos cuando Verdier y Lefebre, con el rabo entre las piernas, se marcharon de aquí.
Mira que se lo dije… ¡Teneís que arrasar Zaragoza! Pero fue imposible. Los zaragozanos, y todos los que en la ciudad estaban, resistían. “Por la Virgen del Pilar, vencer o morir”, decían.
Lástima queno sepa dónde fueron a parar las valiosísimas joyas que se llevó Lannes del Joyero del Pilar (a mí me dijo que le habían “dado” unas piedrecillas de nada), porque, si no, las devolvería.
Bueno, a ver si los que mandan se enteran de una vez que esta ciudad tiene una HISTORIA que hay que recordar.
Me resulta imposible terminar estas líneas sin recordar al niño francés que el otro día murió en la “playa” del Ebro. Vaya, desde aquí, mi sentimiento de pesar para toda su familia.
A bientôt!. (Que, para quien no lo sepa, quiere decir ¡Hasta luego!)