Pabellón del Sultanato de Omán

12 de Septiembre de 2008 por Domingo Buesa

Javier Zabaleta nos envía una nueva crónica, en esta ocasión, sobre el pabellón que el Sultanato de Omán tiene instalado en la Exposición Zaragoza 2008:

“De todos los regalos con los que Dios nos ha bendecido, el agua es el más grande.” (Sultán Qaboo Bin Sad, Sultán de Omán)

Todos nuestros sentidos se ponen en marcha desde incluso antes de entrar en el pabellón del Sultanato de Omán. Atraídos por un fuerte olor a incienso que impregna toda la zona de acceso y bajo el lema Agua es Vida, accedemos a su interior, donde comprobamos a qué huele realmente Omán, no solo a incienso sino también a rosas y árboles frutales que florecen en su suelo. Descubrimos de este modo además los colores del desierto, todo ello acompañados por una suave música, una clara iluminación y unos atractivos colores que nos guiarán a lo largo de todo nuestro recorrido.

Una sencilla y concisa organización del interior del pabellón, ideada para todas las edades e intereses, nos muestra su relación con el agua y cómo se vive en un país tan desértico y donde se pierde tal cantidad de agua como Omán. Comprobamos con nuestras propias manos la fina textura de la arena del desierto y observamos como parte de su ambientación una cascada de agua junto a la que encontramos una fiel copia de una palmera denominadas “oro del desierto”. Junto a ella se nos muestran originales objetos tradicionales empleados en la recolección de los dátiles y diversos envases de agua.

No solo tenemos aquí una visión del presente omaní sino además de sus proyectos futuros relacionados con el suministro de agua y los procesos desalinizadores. Haciendo nuestra recorrido más activo y atractivo podemos si deseamos, disfrutar de una proyección de luz y sonido sobre una maqueta de grandes dimensiones, en donde se nos muestra la Historia del Agua y el uso que de ella se hace.

Terminamos nuestro visita con un “amargo sabor de boca”, si es que nos atrevemos a mascar la resina de Olíbano, oportunidad única de la que he sido testigo o bien disfrutando de una taza de café, mezcla de jengibre, sésamo, clavo y cardamomo, acompañado de unos dulces y sabrosos dátiles, que de manera gratuita se ofrecen, mientras nos relajamos en una acogedora haima omaní. Y corroborando y dando fe de la hospitalidad de este pueblo y de lo que el poeta Hatim de Tayy escribe: “Cuando me visitan mis invitados, me llena de alegría y placer”.

Publicado en El Cronista al día

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