Los ingenieros industriales en la Expo 2008

12 de Septiembre de 2008 por Domingo Buesa

El Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Aragón y la Rioja ha tenido el detalle de colaborar con la Crónica de la Expo a través del siguiente artículo:

Y la máquina se puso a andar…

La Expo, como cualquier evento de gran magnitud, quiere, y debe ser, reflejo de los avances tecnológicos del momento. Escaparate al mundo del quehacer de técnicos e ingenieros, la Expo 2008 pasará a la historia como una de los eventos más seguros donde la tecnología ha estado al servicio del visitante y donde el compromiso con el medioambiente ha sido lema y realidad.

Desde el acceso aéreo al recinto Expo hasta la climatización que hizo más llevadero el calor en el interior de los pabellones, pasando por autobuses impulsados por hidrógeno, la tecnología, innovadora en unos casos, madura en otros, ha sido un vector definitorio de la Exposición Internacional. Los ingenieros industriales que han trabajado para la Expo, en una labor concretada en más de 400 intervenciones, han constituido el factor humano activador de la seguridad y el respeto medioambiental, pilares de un anhelado rigor tecnológico.

La labor de los más de 200 ingenieros industriales ha sido factor determinante en el éxito de la Expo del Agua. Sus tareas comenzaron con los primeros pasos del emblemático proyecto. Con un trabajo constante, discreto, el enorme armazón empezaba a tomar forma y como si de un formidable mecano se tratara, los ingenieros, con precisión, iban asentando las piezas en su lugar. La marcha de las ejecuciones demostraba que los cálculos no fallaban y la maquinaria arrancaba.

El saber hacer de experimentados, aunque jóvenes, ingenieros industriales ha sido garantía de éxito expositivo. La tradición del ingeniero industrial en disciplinas como la gestión de proyectos se ha mantenido y equipos de ellos han coordinado sólidos grupos de trabajo, ajustando presupuestos y tramitando expedientes al vertiginoso ritmo de fin de obras que imponía la inauguración del evento.

Así, los planes se cumplieron con holgura en el diseño y ejecución de la instalación de telecabina de la Expo, demostrando el know how de un equipo de ingenieros industriales habituados al trabajo en las condiciones de alta montaña de las pistas de esquí. El rigor técnico condujo la obra del telecabina, de los estudios de las cimentaciones especiales a las garantías de confort y seguridad que un transporte de estas características exige. La entrada al recinto en telecabina, contemplando los emblemáticos puentes de la Muestra es una experiencia intensa, a menudo evocada, y es el resultado de esa labor.

Y así, como si de un enorme motor se tratara, la colosal planta trigeneradora abastecía de calor, frío y agua a toda la instalación. Con vocación de perenne, el diseño proyectado por los ingenieros industriales contemplará su pleno funcionamiento una vez finalizado el proyecto que la había puesto a andar.

El abastecimiento de calor, frío y agua se aseguró a través de una vastísima red que garantizaba el suministro en cualquier rincón del recinto, desde las cascadas del Acuario a los divertidos laberintos de agua, pasando por las trombas acuáticas de Hombre Vertiente.

La iluminación de la exposición ha renovado la imaginería de la ciudad, ya no es posible representarla sin evocar el rincón donde una Torre del Agua hecha luz emerge con nocturnidad. La garantía y calidad del suministro eléctrico han bombeado aguas bravas, movido escaleras e iluminado todo tipo de escenarios. Grupos de potentes transformadores, inyectaban luz en la tupida malla trazada con precisión a lo largo de las 25 hectáreas de superficie que albergaba la Expo.

Prácticamente en la totalidad de las instalaciones de pabellones expositivos han intervenido ingenieros industriales, en sus exteriores de facetas electrónicas que mostraban mensajes al visitante o en sus fachadas de agua. En los interiores, los ingenieros industriales controlaron la ejecución de la instalación, en otros además la diseñaron, en muchos garantizaron con su profesionalidad la calidad de la misma.

En las propuestas expositivas más celebradas han trabajado equipos multidisciplinares, donde los ingenieros industriales han aportado su destreza técnica: la red de control y suministros que garantiza las condiciones críticas de las aguas del Acuario Fluvial fue diseñada por un equipo de ellos así como lo han sido la ligera estructura móvil del Iceberg o el proceso de corte y ensamblaje del puzzle de un pabellón puente con vocación alegórico.

Detrás de las propuestas estéticas de los pabellones emblemáticos, de sus líneas y formas está el calculado resultado de unas estructuras portantes, obra de ingenieros industriales, donde el ajuste ha venido en piezas, tiempos y manos de obra. Demostrando que no hay buena estética sin buena estática, aun de las formas más caprichosas. Las aportaciones no son la piel más visible de la muestra pero sí son sus entrañas y el motor de su funcionamiento.

La ingeniería renovadora de una expo gigantesca muchas veces se coció en barracones, en la provisionalidad de un evento que aspiraba a ser permanente, al menos en el recuerdo de sus visitantes, y cómo no, en el de los ingenieros que planearon sus cimientos.

…y la máquina siguió andando.

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Pabellón del Sultanato de Omán

12 de Septiembre de 2008 por Domingo Buesa

Javier Zabaleta nos envía una nueva crónica, en esta ocasión, sobre el pabellón que el Sultanato de Omán tiene instalado en la Exposición Zaragoza 2008:

“De todos los regalos con los que Dios nos ha bendecido, el agua es el más grande.” (Sultán Qaboo Bin Sad, Sultán de Omán)

Todos nuestros sentidos se ponen en marcha desde incluso antes de entrar en el pabellón del Sultanato de Omán. Atraídos por un fuerte olor a incienso que impregna toda la zona de acceso y bajo el lema Agua es Vida, accedemos a su interior, donde comprobamos a qué huele realmente Omán, no solo a incienso sino también a rosas y árboles frutales que florecen en su suelo. Descubrimos de este modo además los colores del desierto, todo ello acompañados por una suave música, una clara iluminación y unos atractivos colores que nos guiarán a lo largo de todo nuestro recorrido.

Una sencilla y concisa organización del interior del pabellón, ideada para todas las edades e intereses, nos muestra su relación con el agua y cómo se vive en un país tan desértico y donde se pierde tal cantidad de agua como Omán. Comprobamos con nuestras propias manos la fina textura de la arena del desierto y observamos como parte de su ambientación una cascada de agua junto a la que encontramos una fiel copia de una palmera denominadas “oro del desierto”. Junto a ella se nos muestran originales objetos tradicionales empleados en la recolección de los dátiles y diversos envases de agua.

No solo tenemos aquí una visión del presente omaní sino además de sus proyectos futuros relacionados con el suministro de agua y los procesos desalinizadores. Haciendo nuestra recorrido más activo y atractivo podemos si deseamos, disfrutar de una proyección de luz y sonido sobre una maqueta de grandes dimensiones, en donde se nos muestra la Historia del Agua y el uso que de ella se hace.

Terminamos nuestro visita con un “amargo sabor de boca”, si es que nos atrevemos a mascar la resina de Olíbano, oportunidad única de la que he sido testigo o bien disfrutando de una taza de café, mezcla de jengibre, sésamo, clavo y cardamomo, acompañado de unos dulces y sabrosos dátiles, que de manera gratuita se ofrecen, mientras nos relajamos en una acogedora haima omaní. Y corroborando y dando fe de la hospitalidad de este pueblo y de lo que el poeta Hatim de Tayy escribe: “Cuando me visitan mis invitados, me llena de alegría y placer”.

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En recuerdo de Lucas Miret Rodríguez

12 de Septiembre de 2008 por Domingo Buesa

Estamos concluyendo la travesía de la Expo que se celebra en Zaragoza, estamos llegando a los últimos días y es el momento de recordar presencias y de reflejar ausencias. Como telón de fondo, ese logro inequívoco de la sociedad civil zaragozana que ha hecho posible que unas huertas acabaran convertidas en las calles del mundo. Y, como motor de todo ello, esa idea de convocar al universo a la gran fiesta del agua, de abrir nuevos caminos que mejoren la relación del hombre con su paisaje. Pero, este también es el momento de echar la vista atrás y recordar cómo nació la idea en la cocina de una gallega afincada en Zaragoza que intentó lograr que su marido, Carlos Miret, un arquitecto aragonés, superara la tragedia de la muerte de su hijo Lucas, de 19 años. Así nació la idea de construir una Expo Zaragoza 2008, cuyos primeros diseños enseñó el arquitecto Miret a Juan Alberto Belloch –en 1998- antes de ser alcalde de la ciudad y al que vendió, al final, por un euro, los derechos sobre el proyecto y la marca Zaragoza Expo2008.

Hoy, diez años después, nadie ha querido recordar este asunto tan importante para la historia de la Expo, nadie ha querido cumplir con la memoria de este joven al que su padre dedicó la idea, el proyecto y sus sueños. Por eso, es triste que desde periódicos de otras comunidades se recupere la historia de verdad y se critique que no se haya puesto el nombre de este joven zaragozano ni a una calle de la Expo. Por eso, yo, como Cronista Oficial de la Ciudad quiero dejar constancia de esta realidad que ha sido incluso contada en un libro escrito por el arquitecto Carlos Miret, al que hoy –en puertas de clausurar su sueño- queremos reconocer muchas cosas y decirle especialmente que en esta Expo también ha estado presente Lucas Miret Rodríguez aunque ya no está entre nosotros y algunos hayan estado ciegos y no hayan sentido la belleza de los atardeceres en los que el cielo también nos sonreía. Gracias por ese sueño que nació del profundo dolor de un padre, gracias por haber querido que la tristeza acabara convertida en alegría como mejor homenaje a Lucas, ese zaragozano para el que yo, como homenaje, pido formalmente que le dediquemos una de las plazas que pervivirán en este recinto de Ranillas.

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Pabellón de la Santa Sede: “Mojados por dentro”

12 de Septiembre de 2008 por Domingo Buesa

Javier Zabaleta nos envía una crónica sobre el pabellón de la Santa Sede en Expo Zaragoza 2008:

Dejando atrás el ajetreo de las filas, el ruido de la calle y el sofocante calor que se respira en el ambiente, cogemos aire y caminamos entre las aguas separadas del mar rojo, envueltos en una luz pura y una tranquila música ambiental acompañada por sonidos del agua. En este peregrinar nos vamos topando con acuosos adjetivos que nos hablan de Dios y de la iglesia.

En la visita a este pabellón, atípico a mi entender dentro de la Expo, por tratarse de un lugar para los amantes del arte y todos aquellos dispuestos a acoger el mensaje que aquí se transmite, vamos dejando apartada la errónea idea de descubrir quizás como se gestionan en el Vaticano los recursos del agua y el uso que a la misma se le da.

Lo que en la parte central se nos muestra es la presencia e importancia del agua a lo largo de la historia de la iglesia, y como ésta aparece en la Biblia. Con magníficas piezas de arte, desde sarcófagos del S. I, esculturas, un enorme tapiz del S. XV, oleos y tallas de Goya o El Greco entre otros, se nos recuerda que ya desde el origen lo que Dios primero creó en la tierra fue el agua. Y vamos viendo como a lo largo de la vida de Cristo, el agua es una constante. Ya en el antiguo testamento encontramos referencias al agua, desde Moisés a Jonás, y en el nuevo testamento, una gran multitud de ejemplos especialmente durante la vida de Jesús, tales como la curación del paralítico en la piscina de Betesda, el encuentro con la Samaritana, la pesca milagrosa, las bodas de Caná o el lavatorio de los pies.

En la siguiente parte de la visita recorremos un túnel bajo las aguas, en donde acompañado de música y sonidos ambientales, diversas imágenes nos acercan a la realidad de hoy en día en el mundo. Recordándonos el poco conocimiento que de ella tenemos, pudiendo afirmar que “lo que sabemos es una simple gota de agua.”

Y aunque parezca curioso, aquí en la Expo, podemos terminar nuestro recorrido por el pabellón, entrando en una pequeña capilla, donde desconectar durante unos minutos, coger fuerzas y prepararnos para enfrentarnos de nuevo a la vida maravillosa que nos esta esperando fuera.

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